top of page
Buscar

El crecimiento es inevitable.

  • Foto del escritor: Angelica null
    Angelica null
  • 16 abr
  • 2 min de lectura

Hay algo de humildad en intentar cultivar una planta. Puedes hacer todo "bien" y aun así no saber cómo va a resultar. Algunas prosperan, otras no, y al principio, todo parece igual: tranquilo, quieto, casi como si no pasara nada.


Compré un bulbo de oreja de elefante a principios de marzo y lo planté el 15 de marzo. Al principio, noté que ya asomaban pequeños brotes. Aun así, no estaba del todo segura de que fuera a crecer mucho. De todas formas, lo planté. Lo regué. Le presté atención. Incluso me tomé el tiempo de informarme sobre las orejas de elefante en lugar de basarme en lo que creía saber, que, para ser sincera, no era mucho.


¿La primera semana? Nada.


¿La segunda semana? Seguía prácticamente nada… hasta que un día, una pequeña señal de vida finalmente brotó de la tierra.


Y entonces, de repente, sentí que todo cambió. El crecimiento empezó a ser vertiginoso, más rápido de lo que esperaba. Lo que antes parecía "nada" en realidad siempre había existido. Simplemente, aún no era visible.


Así es como obra Dios.


Sufrimos durante la espera porque esperamos resultados visibles de inmediato. Oramos, nos esforzamos, intentamos mantenernos fieles, pero cuando no vemos que suceda nada, la ansiedad se apodera de nosotros. La duda comienza a susurrar. Nos preguntamos si algo está cambiando realmente.


Pero al igual que ese bulbo bajo la tierra, el crecimiento ya está en marcha, incluso cuando no puedes verlo.


Dios no permanece inactivo durante tu espera. Está obrando en lo profundo de tu ser, echando raíces, fortaleciendo tus cimientos y preparándote para lo que viene. Y cuando llegue el momento oportuno —no el tuyo, sino el Suyo— empezarás a ver la evidencia de todo lo que ha estado haciendo desde el principio.


Las Escrituras nos recuerdan esta verdad:


«Para todo hay una temporada, y un tiempo para cada asunto bajo el cielo.» — Eclesiastés 3:1

Los planes de Dios no siempre coinciden con nuestras expectativas, pero siempre son intencionados. Nada se pierde. Ni tu espera, ni tu esfuerzo, ni tu fe.


Así que si estás en una etapa en la que sientes que no pasa nada, no te rindas.


Sigue plantando.

Sigue regando.

Sigue confiando.


Porque el crecimiento está ocurriendo.


Y un día, antes de lo que crees, levantarás la vista y te darás cuenta de que aquello por lo que has estado orando ha estado creciendo justo delante de ti todo este tiempo.


 
 
 

Entradas recientes

Ver todo

Comentarios


bottom of page